Abstract
El presente escrito alude al bien común en un sentido doble. Se propone, en primer término, indagar desde el contexto en que esta idea fue (re)elaborada por el pensamiento corporativista católico, a fines del siglo XIX, hasta su anclaje en nuestra Constitución de 1980 (art., 1o., inciso 3). Bajo esta óptica, persigue consignar una suerte de bitácora del concepto, anudando los movimientos y personajes que sirvieron para su actual reconocimiento constitucional. Como segundo paso, argumenta la que a mi entender constituye la mejor interpretación posible del bien común respecto a una sociedad democrática y plural; una interpretación centrada en la deliberación pública y su papel en unas prácticas democráticas orientadas por el ideal de autogobierno